Se supone que estas conferencias anuales de la ONU sirven para que los líderes internacionales tomen las medidas necesarias para frenar el calentamiento global, pero cada año nos dan un pronóstico peor que el anterior. Para Latinoamérica y otros países en vías de desarrollo, las presiones socioeconómicas y medioambientales serán más tangibles por la falta de la organización e infraestructura necesarias para enfrentar los nuevos problemas provocados por el cambio climático.
La salud, bienestar y seguridad de los habitantes de América Latina se pone en peligro con el calentamiento global en varios aspectos. Se prevé una intensificación de la malnutrición y enfermedades que se ya encuentran algunos lugares; las enfermedades como paludismo, malaria, dengue y cólera ya se empiezan a ver en zonas donde antes no existían, mientras las alteraciones en los ciclos hidrológicos (sequías, lluvias intensas fuera de temporada, etc.) amenazan la producción agrícola y pecuaria, resultando en el aumento de los precios de las comidas básicas como el arroz, frijol y tortilla. Esto finalmente podría provocar conflictos violentos que perjudican la seguridad.
Estos son algunos de los efectos de la fea combinación del calentamiento global y desigualdad, algo que la ONU reconoce como indispensable y pretende remediar. Pero mientras ellos hablan, incontables personas sufren y mueren a consecuencia del cambio climático. Yo diría que ya fue demasiada plática y poco compromiso real.

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